viernes, 24 de diciembre de 2010

Gran Hermano y el cinismo de la repetición de la historia.



Tengo un libro acá justamente en la biblioteca que está atrás de este mi monitor (que incluye cámara web incorporada). Un libro que en su primera página y con asombrosa maestría nomás ya afirma:

Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal se producen, como si dijéramos, dos veces. Pero se olvidó de agregar: una vez como tragedia y otra como farsa (*1).

Esta historia se repite una innumerable cantidad de veces, de las ficciones inspiradas en la realidad, de ficciones inspiradas en otras ficciones, de nuevas realidades creadas a imagen de ficciones, de realidad inspirada en otras realidades: esta historia nos tiene hasta el cuello con su presencia. Es la historia de una organización que controla todos y cada uno de los movimientos de personas, personas que siguen su vida según un cuento. Un cuento de amor y odio, de identificaciones compartidas, de grandes debates sobre la existencia humana. También es un cuento sobre imposiciones, de disimulación de la práctica de extracción de utilidades de los cuerpos de las masas.
Otra vez esta cosa morbosa apropiada por la televisión que le llaman “Gran Hermano” se presenta en cada monitor encendido por doquier. Putrefacta como cadáver con años de descomposición, otra vez se asoman a nuestras vidas historias de negación de lo humano de la masa televidente. Increíbles historias de futuras vedettes con cuerpos imposibles de encontrar sino en la fantasía de la imagen televisiva, machos de torsos robustos y rostros ejemplares, y personajes de peculiar contenido cerebral. Otra vez serán las historias que monopolizan las charlas comunes a lo largo y a lo ancho de este país (mientras en otros se reproducen con su producción propia de porquería). Los representados y sus historias, y los “profundos debates” que generan toman por asalto a toda la población, sin distinción de género o edad, y más importante aún, sin distinción de clase.
Hay una imagen que circula en ingles por Internet que dice algo así como “1984 no fue concebido para ser un manual de instrucciones”. En efecto, la fantástica narrativa de Orwell pareciera como si después de muchos años hubiera engendrado una serie de lectores que muy bien no sabían leer y quedaron fascinados por la composición de Eurasia y el todo poderoso “Gran Hermano”, cuya voluntad superior manda a supervisar y corregir todo lo que lo exceda. Recuerda a la lectura de Nietzche en clave nazi, o a la lectura de Marx por Stalin. En un nuevo y completamente distinto escenario pero reproduciendo sorprendentemente una trama cultural que legitima el control sobre todos y cada uno de los aspectos de la vida. Todo nos dirige al control.
Esto sumado a los debates ultra berretas que inundan las calles sobre lo que tal o cual personaje realizó en “la casa”. No se trata solamente de “pan y circo”. Es la imposición de una cultura de la anulación de la personalidad, de las características creativas de lo humano, de la serialización de televidentes. También parece ser la legitimación de una cada vez más paranoica, en palabras de David Garland, cultura del control.
Muchos autores han empezado a ver un movimiento cultural a escala planetaria que pareciera reclamar un Estado total, un Estado que olvide su “brazo izquierdo”, que se dedique a “cosas más urgentes”. Y así aparece el reclamo de un control estúpido, porque además de siniestro, es imposible de ejecutar. Hobbes como nunca es el autor de cabecera tácito, descontextualizado, de esta emergencia social de necesidad de aseguración de las variantes más insólitas de planos cada vez más profundos de la vida social. Se pide que esté ahí el Estado, no importa como, en todos y cada uno de los momentos en que uno sale hasta a comprar un chupetín, porque supuestamente hay sujetos peligrosos por doquier que pueden hacer daño a nuestra vida. Y se pide un tipo de representación del Estado específica: sus fuerzas de coerción. Así, en la vida ideal de los renegados de las velitas, habría una cantidad inmensa de policías en las calles asegurando el transitar de las clases medias blancas. Un discurso racista.
En realidad lo que se quiere proteger es el dinero. Donde el dinero peligra, las fuerzas de coerción salen a defenderlo con todo su rigor. ¿A quien puede realmente afectar el asalto a un camión blindado que transporta dinero?. Sin embargo cada vez que ocurre, ocupa largas horas en las cadenas informativas, del color partidario que sean. Incluso los robos a un banco. Además de criminalizar la pobreza y engendrar una maquinaria racista que en pocos años puede estallar como una guerra de secesión (y mientras tanto legitima la segregación territorial de los pobres), también se busca criminalizar las ofensas al dinero y al monopolio bancario fetiche dinerario.
¿A que nos lleva esto? A la búsqueda de políticas de control. 6.000 gendarmes puestos para contener la bronca de los pobres de la manera que sea. Nuevas políticas policiales puestas para desarmar protestas (presentado hipócritamente como el “desarme” de la policía, la novedad es que en realidad se va a profundizar una política concreta de desactivación de ciertas movilizaciones sociales). O las cámaras de vigilancia en distintos sectores del conurbano (Tigre, Berazategui), que cada vez más son pedidas por todos y cada uno de los que temen por la pérdida parcial de su dinero. Otra vez el gran hermano y su panóptico todopoderoso. 


QUIEN CONTROLA EL PASADO CONTROLA EL FUTURO.
QUIEN CONTROLA EL PRESENTE CONTROLA EL PASADO.
QUIEN CONTROLA EL PRESENTE AHORA?

*1: Karl Marx, El 18 Brumario de Luís Bonaparte.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Introducción


Los últimos años han significado un importante cambio en las estructuras de relaciones sociales, así como de sus percepciones. Aquí nos referiremos a solo una parte de estos cambios para introducir una cuestión más precisa, que es la detención de jóvenes en la periferia del “segundo mundo”. En la medida en que se encuentra cierta congruencia entre los datos aportados por el trabajo de campo y los estudios específicos sobre el campo en la Argentina y a escala mundial, tal cuestión merece cierta puntualización.
De esta manera deberíamos empezar por decir que como nunca hay un reclamo generalizado de algo difuso e impreciso catalogado como “inseguridad”, que las más de las veces tiende a legitimarse a través de discursos que encarnan la demagogia punitiva. Este fenómeno tiene sus particularidades en el cono sur, sin embargo responde a una lógica cuasi-planetaria: la caída del modo de acumulación sostenido en la industrialización (fordismo), momento histórico del capitalismo que en la operatoria general procuraba la aseguración de la reproducción más alta posible de la fuerza de trabajo requería de un estado mediador que emergía como un tercer sujeto, expandiendo sus posibilidades de provisión procurando la aseguración de la vida de las clases subordinadas; así fue como el estado se expandió generando un modelo social basado en cierta solidaridad que parecía esconder las contradicciones entre capital y trabajo de manera más o menos exitosa. La década de 1970 significó un gran quiebre en esto, el puntapié de la dictadura financiera marcó de manera salvaje la imposición de un modelo de relaciones sociales que cada vez más comenzaba a desentenderse de la fuente de valor, la vida de las clases subordinadas generadoras de plusvalor. Por distintos factores, en América Latina eso significó la brutal represión de las fuerzas sociales insubordinadas y el genocidio de la clase obrera, sosteniendo por la violencia la transformación de la matriz social basada en el achicamiento del aparato social del estado, la privatización de sus empresas, el beneficio a la especulación financiera, el crecimiento de la deuda externa para financiar operaciones (especulaciones) privadas, etc. Los siguientes años de democracia significaron la legitimidad del modelo a través de las urnas1. En términos sencillos, Robert Castel (2003) refiere a esta cuestión como un nuevo modelo de competencia interindividual que marca un pasaje de la conducción de la economía de las manos del estado a las empresas, es decir, hacia una lógica basada en la productividad y en la rentabilidad. La creciente y cada vez más profunda diferencia entre clases y al interior de las clases funda un momento de descolectivización y “competencia entre iguales” (Castel, 2004: 57), la moral del neoliberalismo supone que cada individuo se debe procurar por si mismo los recursos de los que quiera disponer en competencia con el resto de sus iguales.

Si se puede hablar de un alza en la inseguridad en la actualidad, es en gran medida porque existen franjas de la población ya convencidas de que han sido dejadas en la banquina, impotentes para dominar su porvenir en un mundo cada vez más cambiante (Castel, 2004: 67)

Este fenómeno de descolectivización, explica Castel, genera un resentimiento en las clases degradadas socialmente, un resentimiento que es una “frustración colectiva que busca responsables o chivos emisarios” (2004: 65), lo cual afecta principalmente a los sectores populares; en la medida en que el juego de competencia interindividual genera una masiva descalificación será mayormente degradado el sector de la población que se encuentra comenzando desde lo más bajo de la pirámide social hasta las partes más bajas de la clase obrera.
Así, la transformación del rol estatal en el modelo neoliberal tuvo su correlato en las prácticas de control social, marcando el fin de la forma “correccionalista” del tratamiento de los sujetos seleccionados como problemáticos por las agencias punitivas. Este cambio se ha producido con una sorprendente velocidad, en palabras de David Garland,
con una velocidad sorprendente un ideal liberal y progresista se transformó en reaccionario y peligroso para los mismos grupos que antes lo apoyaron” (Garland, 2008: 109).

Como se dijo, el desarrollo de un “estado mínimo”, cada vez más desvinculado de la trama social, destinado a asegurar pautas mínimas de intercambio capitalista, tuvo una situación paradójica: mientras la “seguridad social” se evaporaba producto de la retirada de su brazo izquierdo, nacía el “estado gendarme”, que cada vez ampliaría más la población encarcelada y el sinsentido de la práctica policial. En la Argentina, esto incluye procesos mucho más complejos que lo que la literatura del primer mundo puede ofrecernos. El “proceso de reorganización nacional” supuso la aniquilación de una buena parte de la población (precisamente una parte caracterizada por cierto grado de militancia política y activismo social), la naturalización en ciertos sectores de la violencia estructural hacia las clases oprimidas, en buena parte a través de las agencias policiales. Esto, a diferencia de Estados Unidos o Europa, donde el crecimiento del estado penal fue progresivo, marca que aquí una imposición brutal del modelo represivo, aunque con la particularidad de recaer no directamente sobre el espectro más bajo de las clases subordinadas, sino de aquellos que militaban por un cambio social en pro de esas clases subordinadas. Sería importante en otros trabajos hacer un análisis que explique la continuidad y herencias del proceso de reorganización nacional en la práctica punitiva democrática donde, ahora si, la punición estaría centrada en las clases populares. Ahora bien, si la policía históricamente ha sido una organización con cierta (negativa) autonomía (Saín …), la herencia estructural del período dictatorial no ha servido más que para acentuar esa práctica violenta hacia los estereotipos caracterizados como “peligrosos”, siempre identificados en las clases populares; el entramado de relaciones entre clase política, jerarquía policial y grandes organizaciones delictivas no ha hecho más que complejizarse a lo largo de los últimos años en nudos de complicidad, corrupción, asesinatos, y sobre todo, una persecución demagógica de estereotipos que justamente recayó casi únicamente en los eslabones más débiles de las organizaciones delictivas, lo que da la pauta de que la raíz del problema se encuentra en una plana mucho más complicada de lo que verdaderamente se ejecuta a través de decisiones políticas. De esta forma, se calcula que desde el advenimiento de la democracia, la policía … (informes CORREPI, CELS)
Al mismo tiempo, vale decir que no se trata de una operatoria en la cual solo interviene una parte del estado en detrimento de un sector de la población, sino que esto tiene su legitimación a partir de una nueva cultura del control social. Una vez caída la matriz correccionalista, el funcionamiento de la punición estará caracterizado por un “giro punitivo”, que presta mayor atención a la carga emotiva de su accionar, es decir, se desajusta respecto del resultado efectivo de sus acciones desatendiendo el efecto negativo que tiene este accionar en el mediano y corto plazo para transformarse en una política signada por la tendencia a generar y pretender solo resultados de orden simbólico. En la periferia de la economía mundial, la trama del control social y su basamento cultural posee cierto correlato que parece indicar la mundialización de la práctica social del miedo y la victimización desajustada respecto de la realidad material las probabilidades ciertas de ser víctima de un asalto a su propiedad material o física. Esto se materializa en una demanda exagerada de acción que se supone “preventiva” del estado a partir del endurecimiento de penas, presencia policial en zonas especiales, ya sea de alta concentración de propiedad y capital privado o como exigencia de control de las zonas más empobrecidas para contener a los sujetos estereotipificados como problemáticos en el marco de esta cultura del control. Esto quiere decir que, además de prestar atención a una visión exageradamente dramática del estado de la situación, que tiene eco por ciertos mediadores de gran influencia social (figuras mediáticas de las más variadas o individuos pertenecientes a las clases más acomodadas) pero también a buena parte de las clases populares, se supone que los sujetos sociales, y en este caso quienes realizan acciones catalogadas como delictivas hacen un cálculo a largo plazo de las consecuencias de su modus vivendi.
Por lo tanto, hablar de cultura de control, en términos similares a los que propone David Garland supone un momento que superpone un modelo de acción estatal y de demanda social con una estructura social que marca situaciones de inmensa complejidad, situación que de no mediar una planificación política distinta de las actuales (el tan deseado “gobierno político” de las instituciones policiales), que supongan otro tipo de racionalidad y cierta generación de “calma” que desaliente la victimización exagerada, solo pueden llevar a elevar el nivel de sinsentido de la vida social y a la constante pérdida de valor de la vida de las clases excluidas por vía de la naturalización de la violencia que devalúa cada vez más la estimación del propio cuerpo.
Hemos dicho que existe en las clases populares un fenómeno de naturalización de cierto grado de violencia. Veremos más adelante como encontramos ejemplificado esto en los jóvenes que encuentran pertinente la práctica del asalto a la propiedad privada como vía de provisión material. Todo momento histórico incluye una forma específica de castigo que se explica a través del entendimiento de las relaciones productivas (De Giorgi, 2006: 82). Por lo pronto, adelantaremos que esta situación pareciera tener antes que nada un basamento material-económico propio del modelo de acumulación neoliberal. En la medida en que se reemplaza el modelo fordista de acumulación a través de la industrialización y el empleo intensivo de fuerza de trabajo (que por tanto requiere la aseguración de su reproducción y extiende muchas veces el “brazo izquierdo” del estado) por algo difuso e indefinido de competencia entre individuos antes reconocidos como pares y la matriz económica desvía su núcleo de atención de la acumulación de trabajo (mediante la fábrica) hacia la especulación financiera, creando una enorme masa de población destinada a la marginal, condenada a los antojos de un sistema global de olvido que hace de sus cuerpos una materialidad sobrante. Esteban Rodriguez caracteriza este momento de la siguiente manera:

En definitiva, la plusvalía no es una cualidad sustancial de la relación capital-trabajo, sino una cualidad del sistema financiero en su conjunto que sólo se realiza en la operatoria general del sistema. Cuando el capital desinvierte en fuerza de trabajo, se desentiende de la vida de los hombres, habrá un contingente que sobra, y a los que sobran ya no los necesitará. Están, lisa y llanamente, de más, constituyen el sobrante social. El resto, una minoría con alta capacidad de consumo, puede vivir sin ellos y de hecho les gustaría hacerlo (Esteban Rodriguez, 2008: 218).

Dicho de otra manera, podríamos considerar que en el capitalismo en general, “vida” constituye una variable más del sistema, en tanto posibilidad de obtención de fuerza de trabajo por el capital (para su valorización mediante la extracción de plusvalor). En épocas de acumulación trabajo intensivas, las formas de sociabilidad estuvo reglamentada por lógicas de disciplinamiento y ortopedia análogas al sistema fabril: cárcel, escuela, familia tipo que normalizaban y serializaban individuos; en términos generales, la “vida” (posibilidad de reproducción y estabilidad del cuerpo) interesaba en la medida que a través de la aseguración de la reproducción de la fuerza de trabajo la clase capitalista obtenía mayores posibilidades de extracción de ganancias. Una vez que se resquebraja esta lógica (reproducción de una fuerza de trabajo con capacidades de consumo), es decir, a partir de que “el capital se desentiende de la vida de los trabajadores”, “vida” será una variable nominalmente de mayor valor en la medida que se asciende en la estructura social (por eso se observa la extensión de derechos vitales a lo largo del planeta) pero que en términos concretos se libera de manera, diferencial a estas nuevas necesidades del capital, perdiendo todo tipo de valor en las clases empobrecidas.

1Por supuesto que no significa lo mismo que lo ocurrido en el último gobierno militar.: a pesar de mostrar limitaciones y estructuras políticas condenables por representar principalmente intereses de las clases acomodadas, no sería adecuado asimilarlo a la práctica de un liso y llano genocidio sobre la población. Sobre la legitimación del más crudo modelo neoliberal (década de los '90), se sugiere “La hegemonía menemista” de Alberto Bonnet (2007)

domingo, 19 de diciembre de 2010

jueves, 16 de diciembre de 2010

que se le va a hacer

(Que lindo es estar acá, acá está todo lo que quiero y un poco más. Quizá un poco más también. Acá, principalmente. Si, te oigo, te veo y te huelo, estás acá. Por qué te habías ido? Yo nunca quise hacer nada malo por que te vayas. No. En realidad no te fuiste, solo te fuiste a otra parte del acá. Yo te veo, si, te huelo, y te oigo. Pero no te siento. Y eso es más triste. Porque acá está todo lo que quiero. Acá está todo lo que quiero y un poco más. Quizá, acá haya un poco más también de lo que quiero. Estás vos, estás acá, te huelo, te veo y te oigo. Pero no te siento. Y están todas estas cosas, todo lo que quiero, y creo que estoy yo. Estoy, me huelo, me oigo, me veo. Pero tampoco me siento. Eso me da como un miedo. Verte sin sentirte, olerte sin sentirte, oirte sin sentirte. El viaje de una hermana a la que le canta alguien que sabe un poco más que lo que jamás yo vaya a poder saber. No siento, y menos todavía te siento) Me grito a mi mismo, como si no pudiera oirme.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

La furia es un don (borrador)

El don de la furia*

Los años (principalmente los últimos) hicieron olvidar a los oprimidos la herramienta más útil que pueden tener a su disposición. Es una herramienta y es un don, que por si solo no sirve de nada, como por si solo no sirve de nada un bonito libro lleno de palabras (“una ingeniosa mezcla de papel y tinta” diría un filósofo contemporáneo). La furia es la rabia, que en este estado de cosas no puede sino monopolizar nuestras impresiones sobre el mundo. Prestada a la empresa más sana, la furia es digna, es un don de insumisión y dignidad. Convierte todo el dolor de pasados perdidos y pasados extraviados, transforma tristes y trágicos presentes anteriores en próximos presentes que saludan a otro dios, al dios de la insurgencia.
Corrió mucha sangre (más bien, se han “chupado” mucha sangre) para que años más tarde su victoria, la victoria de su proceso, se imprima hasta en el más convencido de la conformidad del presente. Ahora nuestras voces dicen decir que las palabras deben acomodarse a la comodidad de su morfología inmediata, lo mismo que con los huesos y la carne, que en todos y cada uno representa, como imprime la victoria del proceso, una simple asociación entre carnes, huesos y ciertas palabras que articulan algunos intercambios con otros con quienes compartimos una morfología similar. Lo que nos une, en este orden de cosas que no puede más que inspirar rabia y a partir de eso dignidad (combinación furiosa que es un don olvidado), es lo que nos separa, porque somos unidades de carne hueso y algunas palabras en perpetua competencia por algunos hologramas que vaya usted a saber como adquirieron semejante valor.
Los hologramas son espejos donde nos miramos para ver como somos, pero que nos devuelven otra imagen distinta sin que lo podamos siquiera sospechar. Nos devuelve una distorsión, una imagen borrosa que condiciona las posibilidades de existencia a la voluntad de otra cosa que tampoco sabemos que corno es. Dicho de otra forma, esta manera borrosa de distorsionar impone una rutina sucia, una rutina que debiera darnos rabia y entonces dignidad pero que, como nos hemos acostumbrado desde edades tan tiernas a contemplarla, nos encariñamos con ella, le facilitamos la disposición de nuestra carne huesos y palabras.
Todas esas palabras vienen de otros lados, aunque se puedan distorsionar en un sentido positivo, son palabras de un presente anterior, lo cual marca la victoria del proceso. Primero por temor, luego con la fuerza de la fuerza, más luego con las rutinas que con ellas se encariñan y disponen la carne y los huesos a su mejor rendimiento. Con ellas creamos la ficción que nos devuelven los espejos y dotamos de un sentido (un sentido dentro de todos los posibles) a la conexión de los momentos. Fue nuestra sangre el pan de los dueños de las palabras del presente.
Sin embargo. Sin embargo la furia es un don. Si la rabia es digna, la furia es un don, la madre insurgencia acaba con los dolores del pasado para presentar un presente próximo lleno de otras circunstancias que pueden traer consigo el valor más valioso que hace humano a la carne hueso y palabras, que desindividualiza para encontrar prácticas compartidas que tejen otra manera distinta de pararse frente al mundo. “Ser por nuestras propias manos” le dicen en un lugar no tan lejano. Si la rabia es digna, la furia es un don, y si la furia es un don es porque las venas rugen. Y si las venas rugen, las venas que aún hoy siguen abiertas, abiertas y sangrando, abren así otros caminos que reciben otrora distantes. La furia es como un don. Madre Insurgencia, Salud!

*"El don de la furia" es una canción del afamado conjunto de rock quilmeño "Errantes"

lunes, 13 de diciembre de 2010

Gorilas afeitados*

Clase criminal y clase criminalizada

No hizo falta levantar mucho la vista para observar cuestiones que son simples pero muchas veces están escondidas abajo de una alfombra, una alfombra que se llama rutina, opresión, naturalización, mimetización. El Indoamericano (I-Indoamericano) se presentó como un zoológico de incertidumbres para la clase media. “¿qué hacer con ellos?” preguntose la clase media, deseosa de opinar y opinar como si estuviera a su alcance manejar las cuerdas de un títere, y como si del otro lado hubiera, justamente, títeres, lo cual serían cosas con morfología similar (humana) pero necesitadas de control remoto, un control remoto que justamente la moral de la clase media se predispone (en los espacios “progresistas”) a pensar como maniobrar. “Les damos terrenos?” “Les damos comida?”. Fue más fácil olvidarlo: se resolvió con un cerco de soldados de su moral, separando la humanidad de los cuerpos configurados como humanos pero que son como otra cosa. El racismo se reproduce en estos intentos de negación de racismo. Un fenómeno de las últimas décadas, el progresismo se volvió un movimiento de derechas y parece que no se han enterado porque la bola de smog que los contenía los llevó a enamorarse de su propia mugre y después a hacer de su propia mugre la bandera de la gestión cool con conciencia, y después a olvidarse de la conciencia para ser una gestión cool, igual que los mismos que ellos dicen que no son.
Dijimos que el progresismo, en los 2010, se volvió racista. No, claramente no, no todos se han vuelto racistas ni mucho menos; por supuesto que hay excepciones, estudios de una universidad muy respetada han afirmado que este nivel de racismo escondido baja a medida que el racista en potencia disfruta de oler sus flatulencias. Pero volvamos al racismo modelo 2010, que nos preocupa sólo un poco. No se trata de un racismo de odio, está claro que no. Pero es racismo. No es racismo en el sentido que realmente cree en su superioridad. Pero es racismo. Es racismo porque esa supuesta tolerancia (en donde tolerancia no es lo mismo que entendimiento, ni mucho menos diálogo y todavía menos experiencias compartidas) en realidad es un fetiche. Un fetiche que exotiza y cree pintoresco lo morocho, morocho en el sentido material de lo morocho. Otra vez, es un fetiche. La nueva práctica de racismo es un límite fundamental a los límites de lo Nac & Pop '10, un límite que explica por qué prácticamente no nace (entre muchos otros aspectos, claro). Porque, otra vez, no se fundamenta en una práctica de vida compartida, en la formación de una experiencia que se encuentre más allá del fetiche observador. La doble moral de la clase media no es mi descubrimiento, es algo bastante viejo (tampoco es un descubrimiento propio lo que acá se dice, más bien todo lo contrario), pero nunca deja de alimentar el cinismo de la realidad. La doble moral está inscripta en un juego dialéctico entre discursos y prácticas que son cada vez más contradictorias. Los progresistas de clase media acomodada allí tienen sus esclavos. Sus limpiadoras de casas, y sus servicios que no están dispuestos a dejar. Lo problemático en si no es la delegación, es la modalidad. El razonamiento básico es que “x tiempo de MI cuerpo no vale por tal esfuerzo”, lo cual lleva a buscar alguien cuyo tiempo sea valorado inferior. Es decir, que el esfuerzo corporal de esa otra persona valga menos que el propio es condición fundamental para la delegación. Ese a quien se le delega es el fetiche también.

Quería en realidad decir otras dos cosas que se mezclan con esto. Vimos dos policías (agencias de represión física a amenazas contra la circulación de capital), la Metropolitana y la Federal actuando en consonancia. Una con conciencia de clase (capitalista, claro), la Metropolitana. Vale reconocer la honestidad del Pro, atrás de todos sus mamarrachos que no hacen más que poner al descubierto su inaptitud, corrupción y peligrosidad para manejar funciones públicas, atrás de todo eso, se puede ver su honestidad, porque ellos tienen conciencia de clase, saben de la lucha de clases y quieren que gane la suya. Sabemos donde están, están ahí para golpearlos y hacerlos lo más mínimos posibles, eso está claro. Pero puede que sea más peligroso lo otro, que son gorilas afeitados. A qué órdenes responde la Policía Federal?

*metáfora del querido Besancón, que probablemente nunca lea esto

domingo, 5 de diciembre de 2010

La posada del astrónomo infortunado




Como salido de un planeta inexistente pero existente a los fines de ver especies raras a la forma humana salir, la errancia astronómica vio un nuevo hito en la oscuridad de un mismo mutante. Ya era de día pero en su noche, era de noche pero a sus ojos cuando los pájaros decían hola. De momento a momento, sus nervios colmaban su paciencia ansiosa, o su esperanza lo volvía ansioso: ni volver atrás ni ser pasado conformaban el futuro, ni el futuro podía ser sin mirar atrás no siendo pasado. Dormido como quien muere por no vivir, el caballero de la orden errante volvió a su casa para hacer los últimos llamados a los espejos que lo cubren de lo idiota, pero que lo hacen un numerario idiota más. A través de ellos se siente cerca de lo que puede ser sin llegar a tocar nunca lo mínimo indispensable para lo que la piel pueda considerar loable societalmente. Sus ojos caen, y no hay fetiches del deber ser cuando los párpados no dejan ver sino su misma existencia, el fracaso intolerable del probable genio, o el genio del perdedor mutante, haciéndose eco de su propia ruina, volviéndose un simple pedazo de carne dispuesta por sus movimientos a la ecuación más primaria de la modernidad, la extracción de supervalía, limitada a los impulsos que los movimientos de capital le puedan otorgar, en sus límites y en sus llegadas. Nunca creyó que podía ser más triste, nunca pensó que iba a ser más real, nunca la euforia se sostuvo sino sustituida por la pena radical.
A través de los momentos que hacen de la existencia un todo indivisible, los humores se contrastan e irritan sus ojos, que apuntan al cosmos. El cosmos que no puede ver sino cerrando los ojos y oídos, el único lugar que su metabolismo dejó libre a su creatividad y que atenta contra su voluntad al mismo tiempo que sirve de engranaje para ordenar opciones. Son dos momentos, dos ficciones irrealizables pero sin grises. En el medio nunca hay posibilidad de existencia. Es todo lo que creía ser sin que se lo quisieran decir, el astrónomo infortunado vuelve a si mismo y se saca algunas presiones pensando en todo lo que queda sin hacer y sin poder verse. En un momento pensará que cualquier palabra precedente ha sido una pérdida, una exposición adrede de infortunio, un nuevo momento para el ridículo que alimente los momentos más largos de los dos. Así será.

lunes, 1 de noviembre de 2010

"Feinmann el bueno" vs. "partido obrero"

El debate “Feinmann – PO”

Vuelve la discusión con nivel! Para usted, lector político progresista o de izquierda, o ya de derecha, que extraña las épocas de Miliband-Poulantzas, de Foucault vs. marxistas ortodoxos, de Althusser vs. PC Francés, de Santucho y Montoneros, o, por qué no, de marxistas y bakuninistas!!

Algo anacrónico para después de la muerte de Nestor Kirchner, pero he dado con esto recién hoy, y quisiera entregarlo para quien se quiera entretener, usted, que forma parte de ese selecto grupo de 3 personas que leen el blog y no me lo dice cuando me cruza o me pone comentarios sin decirme su nombre sin ponerme un poco de aceite en el cerebro para hacerlo funcionar.

A lo que nos atañe. Todos conocerán a Feinmann, alias "Feinmann el bueno", Secretario de Dispositivos de Información para la ultra-izquierda kirchnerista, es decir, el que arma el discurso para que los críticos de izquierda se queden o se sumen al movimiento. Del otro lado, un tal "Damián" del Partido Obrero. Del Partido Obrero. Y eso.

Feinmann, contratapa del diario Página/12 del Domingo 24/10:

Sobre el uso político de los muertos

Hace un par de días, un brillante politólogo norteamericano (que conduce un programa de televisión) discutía con tres demócratas –ningún republicano había aceptado ir al programa– la política del presidente Obama. Se decían cosas duras: “Los (norte)americanos somos un pueblo de idiotas y tenemos lo que merecemos, y tal vez más”. “Este gobierno ha hecho muy poco de lo que se esperaba de él.” “Los republicanos, lo sabemos, son basura o peor que eso: torturadores.” Aquí, Bill Maher, el mítico conductor del programa, les propone una reflexión a sus invitados. Dice que está de acuerdo con todo lo que se ha dicho. Pero que desea rescatar dos frases. Una, sobre Obama: “Ha hecho muy poco de lo que se esperaba de él”. Y otra sobre los republicanos: “Son basura o peor que eso: torturadores”. De esas dos frases –ya que las elecciones están cercanas– quiere sacar una conclusión: “No es lo mismo alguien que te decepciona que un enemigo mortal”.

Hubo siempre en la Argentina una izquierda que desconoció está verdad. La Proclama que el ERP lanza ante la llegada de Cámpora al poder es reveladora: como Cámpora no hará la Reforma Agraria, no expropiará a las empresas monopólicas ni disolverá el poder de las Fuerzas Armadas, Cámpora es tan burgués como Lanusse. Al ERP no le importaban las coyunturas políticas. No había política, no podía haberla. El enemigo era todo aquello que no era el ERP. Todo lo que no era el ERP era el poder burgués. ¿Para qué prestar atención a las coyunturas políticas si todas eran expresión de las negociaciones de la burguesía en su lucha por la mayor tajada de la torta capitalista? Así, el ERP ataca la guarnición militar de Azul pocos días antes de la reunión de los diputados peronistas con Perón, entregándole a Perón todos los motivos para demonizar a los jóvenes al acusarlos de ese hecho y, prácticamente ante las cámaras de televisión, condenarlos a muerte. El 24 de marzo de 1976, con las masas en reflujo, los profesionales y los intelectuales en desbande, aterrorizados todos ante la magnitud asesina de lo que se cernía sobre el país, Roberto Santucho lanza la primera proclama de enfrentamiento al régimen: “¡Argentinos, a las armas!”. Desconocía por completo la realidad del país. A eso lo había llevado el desdén por los matices en la política. Todo era el Poder. Todo era un enorme bloque reaccionario y represivo al que se le daba ese nombre: “el Poder”. O “el Estado burgués”.

Ahora ha sido asesinado el joven Mariano Ferreyra. Lo mataron las patotas de la Unión Ferroviaria. Durante días y días los medios masivos de comunicación (que dan forma a la conciencia de los receptores de sus mensajes) se habían indignado por el corte de las vías del Ferrocarril Roca. Respondían a sus verdaderos intereses patronales. Siempre están del lado de los patrones. Ergo, los obreros no pueden andar por ahí cortando vías, cortando calles o avenidas. Hay que terminar con ese piqueterismo pendenciero que este Gobierno ha tolerado hasta extremos inauditos. Debe imperar la ley. La ley no la imponen los piquetes. No la imponen los militantes huelguistas. La imponen los aparatos burocráticos por medio de los cuales se lleva a cabo la violencia legal del Estado. El Estado monopoliza la violencia. Todo aquel que la ejerce por su cuenta debe ser repudiado, encarcelado. Sobre todo si se trata de esos malditos “zurdos” de siempre.

Aquí, la patota sindical se siente autorizada. Porque ella se sabe parte del Estado, del poder sindical, una herramienta suya que se aplica en circunstancias violentas. “Si los zurdos joden, aquí estamos nosotros”. En 1975, en Villa Constitución, una ejemplar huelga obrera de cariz socialista (que rechazó indignada un operativo miliciano montonero que quiso meterse en esa historia que no le pertenecía y los rajaron a los palos y a las puteadas) fue bestialmente reprimida por la acción conjunta de la Triple A y las huestes de Lorenzo Miguel. Se sentían parte del poder, lo eran. Pero esta patota, la que asesinó a Mariano Ferreyra, no es parte del poder, ni mucho menos del Estado. Ha sido, en principio, enardecida por los medios que hoy se rasgan las vestiduras por la muerte del joven militante del PO. Luego pertenece a un sector de los ferroviarios. De esos sectores que deben ser urgentemente depurados. Pero, ¿alguien cree que esa depuración es fácil? ¿Alguien cree que la van a realizar los que hoy le tiran el cadáver al Gobierno, como Eduardo Duhalde, por ejemplo? Duhalde es la antidepuración del Aparato. Porque es el Aparato. De Narváez es el Aparato. Y los demás son oportunistas.

El joven Mariano Ferreyra, si militaba en el PO lo hacía porque tenía la certeza de que todo es el Poder. Que no hay matices. Que no hay con quién dialogar. Que este Gobierno, que se propuso desde su inicio no reprimir, que fue brutalmente criticado por toda la clase media, por el alguna vez célebre Ingeniero Blumberg y sus velitas, al que se le pidió una y otra vez gatillo fácil, pena de muerte (recuérdese a casi toda la farándula clamando por la pena de muerte), no es lo mismo que el que lo sucederá si es derrotado. Supongamos, compañeros del PO (aunque ustedes no me quieran como compañero, pero no me importa: para mí ustedes tienen ideas e ideales, son jóvenes, pelean contra lo que creen injusto, y están –es mi opinión– equivocados porque no han aprendido a ver los matices, las diferenciaciones fundamentales entre las políticas burguesas que llevan en sí la muerte y las que no, no entienden que hoy, aun si ustedes llegaran al poder, no podrían hacer otra cosa que “capitalismo”, “políticas burguesas” o saldrían brutalmente expulsados en dos días a lo sumo), supongamos, decía, que este Gobierno (al que ustedes engloban bajo el omnicomprensivo concepto de “el Poder” con todo lo demás que existe) fuera derrotado en las próximas elecciones. Permítanme decirles algo: lo que va a venir no va a ser lo mismo. Salvo que Uds. todavía crean –como creía el Che en su Mensaje a la Tricontinental– que hay que hacer la guerra total porque, de este modo, acudiendo a la teoría de la hecatombe, la acción del enemigo “se hará más bestial todavía, pero se notarán los signos del decaimiento que asoma”. No, dudo que crean en eso. Pero sí incurren en la interpretación totalizadora del campo enemigo: todos son lo mismo. Y no es así. Sin duda, hay cosas de este Gobierno que –como a muchos de nosotros que no vamos a permitir que lo “erosionen”, frase de un dirigente rural– no les gustan o los han decepcionado. Recuerden ese consejo de oro: no es lo mismo alguien que te decepciona que un enemigo mortal. Por decirlo claro, lo que sigue a esto es un enemigo mortal. Lo que tenemos es un gobierno que posiblemente nos haya decepcionado y nos decepcione, pero ante el cual se pueden plantear libremente las causas de esas decepciones. El que diga que a Mariano Ferreyra lo mató el Gobierno es un torpe. Es un politólogo de cuarta categoría y un dirigente falaz. Pero está enunciando una de las tantas “verdades” que se han arrojado al ruedo ante la muerte de Mariano. Presenciamos la obscena utilización política del cadáver de un joven de 23 años. No nos sorprendemos. Este cadáver era esperado. Demasiado se jactaba el Gobierno de no haber reprimido. De no tener muertos en su gestión. Se acabó. Ahora lo tiene: es Mariano Ferreyra. Nadie pensará en él. Todos buscarán utilizarlo. Algunos ganarán posiciones en la política nacional. Otros no. Pero el que no ganará nada, el que perdió para siempre es Mariano. Porque él está muerto. Porque lo mató una patota impune a la que habrá que castigar de inmediato. Estas cosas no pueden repetirse. Cuando alguien muere, morimos todos. Cuando alguien muere, todas las vidas están en peligro. Cuando alguien muere es porque se ha devaluado el valor de la vida. La muerte empieza a adueñarse de la escena. Y el resto –desdichadamente– lo conocemos bien.

Si desconfían de mis habilidades para copiar y pegar un texto de la internet, aquí tienen el link http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-155610-2010-10-24.html

Del otro lado, Damián, del Partido Obrero:

EXCLUSIVO DE INTERNET

Feinmann

El domingo 24 de octubre de 2010, en el diario "Página/12" José Pablo Feinmann publicó un artículo titulado "Sobre el uso político de los muertos". Dicho artículo es una provocación escandalosa, así como también una declaración (aunque el autor no lo reconozca) del fracaso de las posiciones esgrimidas por defensores del nacionalismo popular.

Desde el primer momento y mediante citas José P. Feinmann construye la idea de que lo existente es lo beneficioso debido a que la alternativa es "peor" para todos. En este sentido su inicio de análisis ya lo encuentra fijando una posición "No es lo mismo alguien que te decepciona que un enemigo mortal". Es decir, sabemos que nos van a joder pero unos menos que los otros. Sería necesario conocer qué significa para el autor una decepción, cuando él proviene históricamente de las filas de los nacionalismos que se han caracterizado por decepcionar, más de una vez, entregando a sus "mejores muchachos" a ese "enemigo mortal". En lugar de concluir que los populistas (o progres) y los neoliberales conllevan a los trabajadores de las decepciones a los asesinatos, Feinmann nos recomienda aceptar la decepción como alternativa a lo mortal. Pero Mariano Ferreyra es lo mortal que debería decepcionarlo definitivamente de sus expectativas en los Kirchner.

Para justificar las conclusiones del asesinato de Mariano Ferreyra, J.P. Feinmann se remonta a la historia y toma como hecho el asalto al cuartel de Azul en manos del ERP en 1975 y dice, "...el ERP ataca la guarnición militar de Azul pocos días antes de la reunión de los diputados peronistas con Perón, entregándole a Perón todos los motivos para demonizar a los jóvenes al acusarlos de ese hecho y, prácticamente ante las cámaras de televisión, condenarlos a muerte." Es decir que Feinmann, en tres renglones reconstruye la idea conceptual de "la teoría de los dos demonios", porque 34 años después del golpe de 1976 se sabe qué significó "condenarlos a muerte" después del peronismo del 74/75 y porque responsabiliza de dicha acción no a quién la hace efectiva, Perón al "demonizar a los jóvenes...", sino al ERP.

Maliciosamente habla de Santucho y su convocatoria a las armas en un momento en que "...las masas (estaban) en reflujo, los profesionales y los intelectuales en desbande, aterrorizados todos ante la magnitud asesina de lo que se cernía sobre el país" y que por esa razón la propuesta de resistir era "desconocer la realidad del país". Resulta entonces que lo que se debería haber hecho, no implicaba el sugerir la resistencia armada a un golpe de Estado armado, sino aceptar esa pasividad ciudadana. En este sentido es paradigmático que el autor considere que una organización deba supeditarse a todo lo que el contexto histórico le delimita, de ser así el PO no debería haber apoyado el reclamo de los trabajadores tercerizados porque no habrían de ingresar a planta permanente, o por caso tampoco habría que exigir el edificio único en Sociales ya que la partida presupuestaria para educación ya estaba decidida. Sucede que Feinmann no hace la crítica sobre los modos de resistencia al golpe sino que en base a lo posible-real (pagar deuda con reservas o con aumento de impuestos, pero pagar en definitiva) considera que es necesario elegir "el menos mortal".

El autor debería profundizar cuando dice que, "Aquí, la patota sindical se siente autorizada. Porque ella se sabe parte del Estado, del poder sindical, una herramienta suya que se aplica en circunstancias violentas." ¿Por qué la patota sindical se siente autorizada? ¿Acaso no será por el acto político de Moyano, apañado -con la presencia- del matrimonio Kirchner? ¿O será, por caso, la reivindicación de CFK sobre la historia (es decir, de las acciones concretas) de la Juventud Sindical Peronista?
Si esa patota sindical se siente autorizada porque se sabe parte del Estado, ¿quién la ha hecho parte? Y cuando hablamos del Estado ya no hablamos de gobierno (Kirchner o no Kirchner), sino que hablamos de una institución social que trasciende al gobierno, por lo que los hoy opositores a los K, al igual que los K, se identifican (aunque no le guste a Feinmann) en ser los sostenedores de las patotas sindicales, las cuales con su método pretenden disciplinar al movimiento obrero por un lado y presentarse como fuerzas garantistas del orden para las patronales, por el otro. En este sentido la oposición y los K resultan ser un contubernio garantista de las relaciones sociales de explotación, a pesar de la filosofía de Feinmann.

Mención a parte merece el siguiente comentario:

"El joven Mariano Ferreyra, si militaba en el PO lo hacía porque tenía la certeza de que todo es el Poder. Que no hay matices. Que no hay con quién dialogar." (Subrayado mío)

Esto de "si militaba" pretende volver la mirada sobre el asesinado y no sobre los asesinos a quiénes Feinmann les dedica menos de cinco renglones, "...esta patota, la que asesinó a Mariano Ferreyra, no es parte del poder, ni mucho menos del Estado".
El compañero se vuelve cuestionado en un doble sentido, en primer lugar se cuestiona su efectiva acción militante al ponerse en duda si militaba; Feinmann, desde acá te confirmo que Mariano Ferreyra militaba y no lo hace más porque las patotas sindicales lo mataron.

Pero el cuestionamiento continua porque le pretende alegar una militancia en base a un error conceptual, lo que Feinmann llama "...la certeza de que todo es Poder. Que no hay matices." Es decir que militar en el PO implica conceptualizar erróneamente y perder de vista los matices de la política. Se cuestiona a Mariano y se cuestiona al PO.

Es necesario hacer una pequeña mención ante la frase en la que Feinmann ironiza en que con este gobierno, diría el PO, "...no hay con quién dialogar." Yo le pregunto señor intelectual, con programa televisivo propio y espacio ilimitado de escritura en diarios, ¿ha dialogado la Presidente con la familia de Mariano Ferreyra y con la organización política a la que él pertenecía? Quizás, por ser usted filósofo, no esté al tanto de una respuesta "tan terrenal" por lo que le informo que no ha existido ninguna reunión para "dialogar" a pesar del asesinato y de la movilización masiva de más de 50.000 personas el pasado 21 de octubre en capital federal.

El final de la nota de Feinmann resulta soberanamente una declaración de derrota y miseria filosófica. En primer lugar porque el autor le declara al PO que "...no entienden que hoy, aun si ustedes llegaran al poder, no podrían hacer otra cosa que "capitalismo", "políticas burguesas" o saldrían brutalmente expulsados en dos días a lo sumo". Es decir, que de llegar al poder es inevitable conceder políticas al capital porque el capital se impone. De este modo vale aceptarlas porque sino, nos expulsarían. Y si nos expulsan sería terrible porque vendría algo peor.

Me pregunto que sería eso denominado como "lo peor" si para que no expulsen al gobierno del Poder ese gobierno debe ceder a quién lo presiona. En definitiva el razonamiento entrecruzado de Feinmann, saca a la luz dos cuestiones: por un lado elimina todos los matices sobre el Poder, porque lo presenta como una fuerza monolítica que tuerce políticas. En conclusión, no es el PO quién no ve matices sino el propio Feinmann. Por el otro es la mejor declaración que evidencia el cambio de agenda del gobierno, pasando de una pretendida agenda nacional y popular a una de tiente neo-liberal. ¿No son acaso los K que de repudiar ante el mundo al FMI y los usureros, pagan sin que les tiemble el pulso con reservas del BCRA y la Anses a esos usureros?; ¿no son los K quiénes se abrazan con los burócratas sindicales mientras hablan de libertad sindical pero los delegados genuinos del subte son ignorados?; ¿no es el mismo gobierno que habla de derechos humanos pero tienen más presos y procesados populares que juicios contra genocidas y además cuenta con dos desaparecidos: Jorge J. López y el pibe Arruga?; ¿no es acaso el gobierno que se jacta de un gran presupuesto educativo pero debe ceder nueva partida porque la lucha estudiantil universitaria triunfa sobre las políticas desgastantes e impone una reivindicación de hace más de diez años, como el caso de Ciencias Sociales? Feinmann, es el gobierno nacional el que cede ante los "poderes" mencionados y lo hace, a pesar de que usted lo defienda.

En definitiva, Feinmann si tanto le interesa el campo popular y la defensa de la vida, las fuerzas sociales que se movilizaron frente al cobarde asesinato de Mariano Ferreyra deberían darle confianza y renovadas fuerzas para reconocer en las mismas la posibilidad de que sean estas aquellas capaces de lograr esa "renovación de fuerzas y formas de acción" que usted dice que no lo hará Duhalde porque "Duhalde es la antidepuración del Aparato". Desde acá le digo que tampoco lo harán los Kirchner, que se abrazan con el "Aparato", como lo han evidenciado.

http://po.org.ar/articulo/po1152051/feinmann



Por si estamos distraidos, las dos opiniones son producto de las necesidades del proyecto que las contiene, no olvidemos. Pero la nota de Feinmann, parece ser una justificación hecha por encargo. Del otro lado una contestación que se hace un festín con las distracciones desgraciadas mal acomodadas por el filosofo oficialista.

Que parece que da lo mismo que los EE.UU. sigan apostando a la invasión militar-genocida en Irak por hacerse de unos cuantos barriles de petroleo: faltaría un mea culpa por lado de Feinmann pero está claro que no hace falta si su discurso no está dirigido más que a sus simpatizantes (el mensaje se legitima desde el momento 0 del enunciado, la ilusión de la autocrítica viene por solo evocar la palabra "error", "impedimentos" o similares) (aclaro que la RAE ya ha autorizado el uso de la palabra "solo" sin acento), que se reproduce constantemente la mentira (convertida a estas alturas en falacia) de que este gobierno no ha reprimido (porque ante cada situación se particulariza lo que en realidad es una decisión política: tenemos ejemplos más o menos cercanos, como Kraft, la represión a los trabajadores del Casino, por nombrar ejemplos bien capitalinos más allá de los terrenos feudales del interior).

Que parece que da lo mismo un gobierno que ha implementado algo como la asignación universal que uno que plantea subsidios a la renta empresarial (bueno, "aún más subsidios que los actuales a la renta empresarial" en realidad).

No, verdaderamente no conduce a nada lo que pueda opinar en este momento, nada más quería dejar esas dos notas así que así cerraremos. La muerte de Kirchner obliga a hablar de otras cosas. Hasta luego.

jueves, 21 de octubre de 2010

El eterno retorno de la burocracia asesina.

La burocracia buscará aplastar toda “insubordinación”. Desde el disconformismo hasta la huelga más justa. La burocracia se ha asociado firmemente a las patronales, bajo la hegemonía de los monopolios y el imperialismo y defenderá tenazmente esta asociación patentizada en el pacto social. Podrá propiciar “denuncias” o “reajustes” pero la “filosofía” del pacto social se mantendrá y promocionará constantemente puesto que lo esencial es el concepto y la práctica de la conciliación de clases, ni siquiera a título de “alianza de clases”, sino de una subordinación di recta y permanente de los trabajadores a un sistema donde lo central es la explotación del hombre por el hombre.

Agustín Tosco, 10/03/1974 

La muerte de un compañero nunca se entiende. Y comienza el problema cuando la desesperanza del desentendimiento, la rabia de la frustración comienzan a ser bronca amontonada en contra de la moral. La moral, esa cosa que no existe pero que hay que tener bien en alto. Hoy mataron a un compañero. Lo mato la burocracia, con la misma impunidad que la triple A mató ya a tantos compañeros. Con la misma impunidad y las mismas convicciones, parece ser. Y con las mismas convicciones. Con las mismas ganas de llevarse por delante los cuerpos que los aplastan discursivamente en su genuina voz opositora a este imperio inmundo del capital sobre el trabajo, del dinero sobre lo humano. Con lo poco que tenemos de humano, se nos llevan a los que hacen fuerza para este lado!

Hoy asesinaron a un compañero. Mariano se llamaba. Pero no importa que se llamaba Mariano. Se podría llamar Pedro, Miguel, Alberto, Enrique. Ese muerto que hoy salió en los diarios podía tener tu nombre o el mío. El de algún compañero tuyo o mío. Hoy asesinaron a un compañero. Y eso no se perdona. Eso no se deja en la mano de los mismos que encarcelan pobres y liberan policías asesinos de pobres. O la lucha popular se los lleva puestos, o ellos se van a llevar puestos a la lucha popular.


Hoy la burocracia, una de las burocracias sindicales del país, decidió que era un buen día para asesinar a alguien que los jodiera. Hoy asesinaron a un compañero, un compañero que podría haber sido cualquiera de nosotros. Cada vez que matan a un compañero, matan un poco de cada uno de nosotros. Y ahí estamos.

Dejamos que maten a los compañeros y que cada día nos maten un poco más a cada uno de nosotros. Dejamos que el éxito de la fragmentación neoliberal (evolución del modo capitalista) nos atraviese cada centímetro del cuerpo. Y allí pensamos desde “donde estamos”. Desde ese centímetro cuadrado que abarca nuestra conciencia, en donde no cabe más que un pequeño grupo de habitúes y espacios, que nos serían naturales y únicos, pero a la vez inabarcables, imposibles de trascender. Y antes de soñar, por acto reflejo salen las limitaciones que nos inventamos y por miedo al dinero nos creemos.

Hoy el dinero mató a un trabajador. Hoy la avanzada del capital sobre el trabajo de los ’90 se cobró la vida de un compañero más. La tercerización de funciones antes socializadas a función del Estado, es decir, la puesta en funcionamiento de bienes sociales en sentido de la renta privada, es decir 2, la distribución del patrimonio en manos públicas a manos empresariales, se llevó otra vida.

Estamos jodidos, pero nunca es tarde para despertarse con ilusiones, creyendo que la vida recién empieza. Y la vida es una excusa para la muerte. En la medida que por sobre las vidas está el dinero (por sobre el capital está el trabajo), la vida no solo es una excusa, sino un estorbo. Para dejar de dejarnos morir hay que darle sentido a la muerte, que no es lo mismo que entregar la vida por cualquier cosa, sino dotarla, en tanto camino hacia la muerte, de un sentido distinto al sentido que se le está dando.

viernes, 15 de octubre de 2010

¿Por qué al kirchnerismo le salen tan caros los jubilados?


Quiero decir que el pelotudo que está escribiendo esto,que soy yo obviamente, ve cerca de 50 recibos de cobro de jubilaciones por día desde hace más de 3 años todos los días, porque parte de su trabajo se basa en eso.

A este mismo pelotudo le dan arcadas los discursos de la "oposición" (mediática más que política) más que ninguna otra cosa en estos últimos años. Que este pelotudo se limpia el culo con ellos y anhela profundamente la ruina moral, espiritual y principalmente económica de Clarín y todos sus derivados y paralelos, ídem La Nación, ídem Feinman el malo, ídem América, ídem etcéteras. Que también anhela el momento que se reemplace las apariciones de galanes-empresarios-politicos de mensaje contradictorio y vago pensado como campaña de marketing de una licuadora (léase De Narvaez, léase Macri) por verdaderas manifestaciones de movilización colectiva, a la izquierda y desde abajo.

Que este pelotudo nunca fue "kirchnerista", pero que toda esta oleada derechosa a veces lo obliga a uno a discernir entre la mierda con más o menos olor. Que este gobierno no sólo tiene límites, sino intenciones para profundizar un modelo. Un modelo de acumulación neoliberal aggiornado a la compra china de soja, que con la increible excepción del subsidio universal por hijo, se ha dedicado a distribuir la miseria, seguramente de una manera menos escabrosa que como lo hubieran hecho estos personajes enteramente siniestros que se pasean por enfrente suyo haciendo las veces de "oposición" (aunque si uno se fija como han crecido sus ingresos -personales y familiares- en estos últimos tiempos, no comprendería porque les va tan mal).


Este pelotudo a veces tiene ganas de apagar la televisión (lo cual implica apagar -arcadas- TN, pero también apagar 678). Este pelotudo está desorientado y no sabe que bondi hay que tomar.


Así las cosas, entre la mierda con más y la mierda con menos olor, sabemos distinguir. Convengamos que toda la clase media pro-kirrchnerista que corre atrás de los cantos de 678 y su flower-progre encuentra un lugar de reflejo muy interesante: la defensa de un modelo que los benefició altamente (a las clases medias cultas urbanas más que a nadie, un pequeño paso adelante de estos últimos 8 años) puesto en slogans cool y en peculiares olvidos de situaciones incómodas. Yo me sentiría cómodo con este tipo de mensajes: elijo a un enemigo más detestable que yo mismo, le doy sólo en los puntos que me beneficia (porque si tuvieramos que preguntarnos donde estaba todo el elenco oficialista en 1976 cuando se genocidaba a la clase obrera organizada probablemente nos llevemos un gran disgusto a nuestra estructura de pensamiento cool-clase media), y cada tanto por iniciativa propia me fijo cuán generosos somos nosotros los cultos oficialistas, que damos como 70 pesos anuales de aumento a los jubilados pero sin decirlo sacamos los 45 pesos del PAMI a los jubilados nuevos, pero, es verdad, le pagamos como nunca a los docentes, a (algunos, no todos) sectores estatales.


No quisiera ser agresivo, si me tomé la molestia de escribir de esta forma es porque tengo esperanzas en un amplio sector de esta cool-clase media que transita caminos aledaños al oficialismo, seguramente incentivados por el mounstro que parece generarse en la derecha también. Creo que a partir de estos últimos años se han abierto camino otro tipo de perspectivas de izquierda y que precisamente la izquierda no supo utilizar ese camino. Pero que militar POR este gobierno es mentirnos, "mentime que me gusta", ponernos un parche en el ojo y salir a caminar sin ver la otra mitad del mundo.


Quisiera decir entonces que creo que la cifra de jubilados y pensionados es de casi 4 millones. Que aproximadamente el 90% de ellos cobran el haber mínimo, hoy en unos 1050 pesos. Me gustaría saber a quien le da orgullo saber que un jubilado cobra esa miseria. Habiendo guita para prácticamente cualquier cosa, con un sistema impositivo fenomenalmente regresivo casi sin tocar. Y que 82 si o no no es la cuestión. Esa berretada de ley que saco un grupo de legisladores claramente no tenpia mpas fundamento que ganar espacio de televisión. Pero me sorprende los argumentos en contra que utilizó el gobierno.


Mentira, no me sorprenden. Hace poco más de un año, los obreros de Kraft realizaron una gran lucha. Y allí estuvo la policía reprimiendo. Y allí salieron los ministros de trabajo a realizar declaraciones a los medios. Y en esas mismas declaraciones, si no se aclaraban que eran funcionarios del gobierno, uno creería que estaban representando a la empresa denigradora de la condición humana de los trabajadores. Y en eso están los compañeros de Paraná Metal, nada más que como su enemigo es el desaparecido Lopez (Cristobal, no Julio), gran amigo de la casa (!), la difusión de su causa es mucho más cara a la clase media oficialista. Y eso por no mencionar: pago de la deuda externa fraudulenta y genocida (sin desendeudamiento significante) poniendo toda la tarasca junta, derechización de los gobiernos provinciales, inexistencia de condiciones básicas de habitación humanamente posible de las cárceles (muertes, torturas), y un larguísimo etcétera.


¿Por qué al kircherismo le salen tan caros los jubilados? Porque no tiene ganas de sacarle plata a los adinerados, así de sencillo. No lo quieren hacer ni ellos ni la ""oposición"". Porque son lo mismo y representan lo mismo con sutiles diferencias y cierto menor olor a mierda unos que otros. Es una vergüenza que tengan tan pobre mensaje las dos partes. Que la presidenta dice, literalmente, que "hay que mantener competitividad" (!!) (ver http://www.pagina12.com.ar/diario/ultimas/20-154974-2010-10-14.html). Ni hablar de que dirán esos crotos de ideas de la derecha sojera.


Pero mucha más vergüenza me dan los pseudo militantes progresistas que defienden cosas como estas. Da más bronca que ver a Morales Solá haciéndole un pete mediático a De Narvaez. Porque a la derecha hay que combatirla. Pero ¿como se hace con compañeros que supuestamente son de izquierda y defienden esto?. Compañeros con herramientas para construir críticamente otro tipo de perspectivas, se subsumen en el discurso oficialista, lo reproducen como títeres. Como si dijeran "somos buenos porque somos buenos y porque malos son ellos"; en vez de agregar riqueza argumentativa no hacen más que difundir el lustrabotismo progresista (perdón Dolina porque eso te pertenece y no creo que te guste que lo esté usando para esto).

"Política" se hace en todo momento y no cuando se pone el papelito con el nombre de algún perejil en una urna para contabilizarse por millones.


La burocracia buscará aplastar toda “insubordinación”. Desde el disconformismo hasta la huelga más justa. La burocracia se ha asociado firmemente a las patronales, bajo la hegemonía de los monopolios y el imperialismo y defenderá tenazmente esta asociación patentizada en el pacto social. Podrá propiciar “denuncias” o “reajustes” pero la “filosofía” del pacto social se mantendrá y promocionará constantemente puesto que lo esencial es el concepto y la práctica de la conciliación de clases, ni siquiera a título de “alianza de clases”, sino de una subordinación di recta y permanente de los trabajadores a un sistema donde lo central es la explotación del hombre por el hombre.
Agustín Tosco, 10/03/1974

domingo, 12 de septiembre de 2010

Es mentira que todo está perdido. Es mentira que esto es verdad.




Los cuerpos son como compañeros de orquesta que salen en serie: ahora informatizados, en dos o tres palabras se puede decir a lo que todos y cada uno de ellos se encuentra motivado a cumplir. Hay espacios prácticamente para todo menos para una cosa no tan menor: la subversión. Es lo que está atorado en las mentes de algunos como canal de provisorio almacenamiento. No hay lugar para cualquier cosa que signifique un mínimo desafio; más bien el paradigma de la fragmentación crea formas de normalización que otorgan al sentido de la subversión el carácter de autocensurables.
Esto tampoco sirve de nada: toda vez que reproduce los elementos del párrafo anterior no es más que una guía de inútiles contradicciones por externar una perspectiva internamente odiada. Una terapia de relajamiento para retomar la rutina que crea formas que la misma banda horaria que ella no ocupa igualmente está reglamentada por y para ella, para la eficiencia de los momentos indeseables pero obligatorios.
Es mentira que todo está perdido, sólo habría que buscar una o dos estrategias distintas de movilización, sólo que inicialmente sería amontonamiento; pero en el esfuerzo de la estrategia pocos pierden sus mañas y así se sigue intentando iluminar cuando ni siquiera se tienen lamparitas, suponiendo que la luz no es un artificio maldito que los últimos 5 siglos impusieron a los adueñados para creer que la vida tiene sentido. Por eso es mentira que esto es verdad, porque ni siquiera es un buen ejercicio cartesiano y porque en el caso de que lo fuera sería absolutamente condenable: que peor que creer que es válido señalar desde una práctica monológica de esencia masturbatoria!


domingo, 20 de junio de 2010

Contra el fetiche de la verdad

Si hubiera que poner un título a esta serie de incoherencias sería este mismo, para qué inentar llegar a algo distinto. Los dueños de la verdad están ahí para ofrecernos su monopolio a cambio de aceptación de la justificación que se haya intentado dar a ese proceso antes abierto; justificación que se construye desde la verdad o bien hacia la verdad; desde su imposición como verdad a conseguir en la creación de andamiaje que nos trae como resultado a ella misma, o como necesidad de borrar bifurcaciones en el camino que trae a su revelación.

La verdad ha sido, a lo largo de la historia, la gran ganadora de todas las disputas habidas. Nada más indiscutible que la misma verdad, por eso nos atrae tanto. Queremos un poco de verdad, cómo no vamos a intentar escribir una página en la historia gracias a la verdad... aunque sea un pequeño párrafo en donde diga “fulano de tal, dueño de la verdad 3853461 del año 1964, recuérdese tras su muerte y ríndasele homenaje”.

¿Qué hay detrás de la búsqueda de la verdad sino un fetiche? Y no se habla de la búsqueda por la identidad, auténticas luchas que merecen el aplauso de todos los identificados. Ni siquiera se trata de la búsqueda de la no-omisión de las explicaciones olvidadas por las grandes verdades, otra gran causa a la que aquí se adhiere.

Dicho de otra manera, para haber verdad más bien tiene que haber mentira, y ambas se componen de la misma materia de la que está hecha la salud de las conciencias. “No hay momento más mentiroso que el de la creación de la verdad”, dijo Nietzche según Foucault, de manera más o menos similar, quizá en otro contexto y en realidad intentanto otorgar un significado completamente distinto al que aquí, por propia torpeza y no por maniobras de tintes maquiavélicos, quisimos intentar. Sin embargo las historias del ying y el yang no son parte de esta breve composición sobre la verdad, que cosa más apática que la comodidad de aceptar el oximorón de la intentona posmoderna.

Se entiende que no es tan simpática esta postura, no se está llamando a imitaciones, simplemente es una manera de buscar llegar a la confusión sin tener ni siquiera un centímetro de verdad o mentira para salir de ella; aunque no se llegue a tal propósito y la finalización de esta serie de palabras con poca vitalidad incluya de su parte una inobjetable razón de hallar el modo resolutivo de este pequeño acertijo mal predicado, a pesar del esfuerzo (vago, claramente) que se ha hecho por contra-persuadirlo. Porque es bastante molesto para los que apenas terminamos de nacier llegar al mundo y encontrarlo dominado por las verdades, todas ellas construidas en su mayoría por gente poco amable que ni siquiera se ha molestado en darle una buena presentación, darle algo de brillo propio. Y allí unos pocos desviados la encontramos apática e insuficiente, aunque de hecho es probable que mañana mismo se me encuentre desayunando verdades sin objetar siquiera el paso del tiempo, habiendo olvidado el último intento por desnaturalizar una pequeña porción impuesta de autoflajelo-violencia-poder-dominación naturalizada en el seno mismo de las tratativas por la propia reproducción.

Espero que a nadie le haya interesado toda esta gran farsa, de otra manera me siento obligado a decirle que lo han estafado.

lunes, 10 de mayo de 2010

La vigencia de 1984

En 1984 Michael Radford decidía realizar una nueva adaptación cinematográfica de la obra de George Orwell Ninety Eighty Four (1984), con la intención de “festejar” que la distopía de una sociedad totalitaria de Orwell no se había cumplido, una suerte de drama de lo que no fue, una angustia del pasado que no tuvo lugar. Una historia de un futuro incierto que sin embargo se dejó leer en clave de crítica occidental hacia lo que el occidente capitalista cree que es lo totalitario pero que a la misma vez se cree superado y ajeno a la propia realidad: los intentos del fascismo y el comunismo soviético, como formas de tiranía que atentan contra la libertad de los individuos.

1984 es hoy una lectura que se repite en forma de farsa: la ingenua creencia de que algo así es completamente externo a la realidad occidental mientras un municipio exhibe como muestra de progreso la instalación de modernos sistemas de video-vigilancia en la vía pública sin respetar la voluntad del que no quiera ser registrado. Tigre y Berazategui son los mejores alumnos de esta historia que cínicamente vuelve a tomar forma de tragedia.

La farsa del “Gran Hermano” devenido reality show tuvo una visión crítica de aquellos que denunciaron encontrar ahí un avance sobre ciertos valores humanos, la pérdida de esquemas morales que sostienen la integridad personal. Esta versión crítica, chavacana, que pierde más tiempo en entender sus códigos para una supuesta crítica que en cuestiones de mayor importancia (la massmedia no perdona al intelecto desprevenido con o sin un gran hermano con grandes sponsors y locutores) mostró que sus alcances no iban más allá del resongo, si al final críticos del gran hermano son parte de su misma órbita.

1984 tiene un todopoderoso, el gran panóptico del gran hermano. Muta día a día y toma forma de panelista, de periodista, de columnista, de señora de barrio devenida en justa jueza de todos los males, de senador votando por y en contra de cualquier cosa, es el leviatán de todos los santos digitalizados. El todopoderoso que no por berreta es menos efectivo.