domingo, 12 de octubre de 2014

Reseña de "Yo soy el Slavoj de la gente"

Yo soy el Slavoj de la gente. El nuevo libro del filósofo esloveno.
                                Yo soy el Slavoj de la gente es un libro que dará mucho que discutir en el ámbito científico. Aquí se nos ofrece esa original mezcla de verborragía, acidez y venta de humo sobre Lacan a la que tanto nos tiene acostumbrados este genial autor. "Corta la bocha", el primer capítulo de esta nueva entrega, cita el ejemplo de Cutzarida como el reflejo de una sociedad entregada a "prestar atención a nabos como ese o a escritores que abusan de la doble negación cuyas hipótesis más importantes las hace en campos irrelevantes (Zizek; 2014: 23)".
Con una escritura tenaz e inentendible, Zizek actualiza la problemática sobre el consumo de drogas en el segundo capítulo, titulado "Prefiero a los drogadictos porque son capaces de comprar mis libros". Sigue el curso autobiográfico: "aceptémoslo, me convertí en el Osho de los hippies pseudo intelectuales, pero mi mujer es un camión" (2014: 38),
Pero desde el tercer capítulo, la pluma de Slavoj toma un pulso inédito en su obra anterior, incursionando en terrenos como la futurología y la botánica. Así, en "94 observaciones sobre el futuro en mi lista del supermercado", nos dice que "la tendencia que observo para el futuro es que cada día que pase, todo se parecerá más a una gran catarata de diarrea que nos bañará a todos ininterrumpidamente" (2014: 479). "La mierda -agrega- puede volverse incluso moneda de cambio e iniciar un proceso de regresión en el capitalismo que dé paso a una nueva sociedad basada en valores distintos, como la mierda" (2014: 943). "Usted podrá ir a la tienda con un par de soretes en la mano y cambiarlos por cualquier mierda que se le ocurra" (2014: 944).
El siguiente capítulo, "acerca de la fotosíntesis" consiste en un trabajo práctico que le encomendara su maestra de 5to grado. "Decidí incluir este escrito dado que, pese a la modestía institucional de su momento, tuvo una gran recepción y el jurado a cargo" (2014: 1023). Esto es otro paso en el camino abierto por los discípulos de Althusser, quienes hace unos años publicaron un texto que escribiría para la materia "literatura" de 2º año de su secundaria, consistiendo en un cuento breve titulado "la asesiné por ponerse la gorra".
Definitivamente uno de los libros del año, por su magnitud de observaciones cínicas, iniciación de polémicas absurdas y sus desgarradoras construcciones de binomios. Válido para quedar bien con incautos, te puede hacer quedar como un pelotudo con atentos.

"Campanas en la noche" es mi tema preferido de Los Tipitos dice Zizek en su libro

sábado, 11 de octubre de 2014

La reificación de la poronga en Michel Foucault.

Presentación para las "XVI Jornadas de Sociología de Power Point. De la viñeta a la flechita de colores: nuevos desafíos para seguir robando"

Introducción
Michel Foucault era puto (Poulantzas; 1979: 59-75). Según cuenta la leyenda, se tuvo que ir del Partido Comunista Francés por puto y cagón a principios de los años '60. En ese momento ser puto y cagón no era visto con buenos ojos dentro del comunismo estalinista, como bien nos dice el boludo de Marc Lazar en un libro horrible escrito en francés con un título para nada ombligocentrista como lo es "El comunismo, una pasión francesa". Aunque desconfiamos de esa fuente, puesto que la sociología ha demostrado hace tiempo que el francés es un idioma que suelen preferir los putos, y los franceses suelen elegir hablar francés porque son homosexuales (podemos remitirnos tanto a Weber y su "Sobre la ética de los putos y el nacionalismo francés" como al más directo Simmel y su fundamental "Los franceses, además de drogadictos, son todos putos"), vale decir que los testimonios se encuentran sentados sobre el pelado de la verdad: Foucault era de esos que le gustaba lustrar glandes ajenos proveído no más que por su lengua como trapo y su saliva como Blem.


Nudo
Sin embargo no todos los putos tienen una militancia tan liminal en su amor por ser penetrado como este pensador francés, a falta de una profesión que lo catalogue mejor (el muchacho desvariaba entre la psicología, la filosofía, la antropología y la sociología, como si un ferretero vendiera también golosinas, paquetes turísticos y ofreciera asesoría jurídica). 
Foucault estaba atado a la propia tautología de la trolez: como sabemos, hay conceptos que en realidad suelen moverse de manera unidireccional, que se prestan siempre juntos y que suele ser imposible poder pensarlos por separado. Estamos hablando de la homosexualidad, la drogadicción y el sida. Los avances científicos de los años '80 demostraron que estas tres variables están tan pegadas entre si como los sociólogos de Harvard están pegados a las cuentas bancarias abultadas. 
Pero Foucault no trascendió los anales (ja) de la historia solamente por adscribir a estas cosas de trolo, sino principalmente por haberse entregado a un vehículo mucho más arriesgado, algo que pocos en estas disciplinas habían hecho: presentar su propio cuerpo como dispositivo total de la ideología.
Esto nos habla de la enfermedad mental, por supuesto, del exceso de drogas, pero también nos habla de la alienación, cosa muy común en los drogadictos. Veamos, las pistolas son una especie de proyección que los hombres hicieron de sus propios deseos de dominación vía uso de la poronga, es decir, una representación fiel de un caño duro que dispara y puede dominar al otro como deseo de todo aspirante al mote de "el más poronga". Pero, cosa de putos, la homosexualidad suele prestarse al pacifismo y ese tipo de cosas hippies, como por ejemplo, usar pasivamente el cuerpo (je) para representar un estado superior de la conciencia. ¿Estado superior decimos? Quizá nos equivoquemos. Si, nos equivocamos, porque a veces somos medio hippies y hay que tener cuidado con el hippie que llevamos dentro porque en el momento menos esperado se nos aparece con un charango interpretando algún verso esa gente que Sarmiento bien insistía que había que asesinar cruelmente. Por supuesto que no es un estado superior, sino la representación de una alienación enfermiza que no se cura con un baño ni con la lectura de la palabra divina; Foucault era puto y quería que su cuerpo representara el objeto más sagrado de los trolos: la pija.

Conclusión

En el cosmos de significados que nos ofrece el capitalismo tardío, la búsqueda científica es eso que sucede adentro del Google, después de buscar porno y no tener los mejores resultados                                                                                                                                                                                              Judith Butler

Dicen que Napoleón decía "vísteme despacio que estoy apurado" (Dicen que decía; en algún año:algún lugar). Claro, Napoleón era francés y, como dijimos antes, los franceses son todos proyectos de travestis. Y qué es la homosexualidad sino un fetiche por el miembro masculino! Y acá es donde se nos cuela la cosa esa de la reificación.
Hay un montón de marxistas drogadictos que han hablado de estas boludeces, que el fetichismo esto, que la alienación lo otro y así, sumando boludez tras boludez; pero hubo otros que se pasaron con la pepa y empezaron a darle bola a una palabra que si la pronunciamos con nuestro suegro probablemente nos eche de su casa: "reificación".
La reificación sería algo así como poner una cosa ahí medio artificial como si fuera algo que es por si misma, no sé, un quilombo de explicar. Hay que leer un montón de libros de fumones alemanes de principio de siglo xx para verlo: yo encontré en el Google un power point que decía cosas así pero no lo voy a pasar (Google; 2014:al lado del porno) porque en realidad lo perdí. Que se vayan a cagar los jorjaimer esos, lo concreto es que Michel Foucault puso su cuerpo al servicio de la poronga.
Veamos, por ejemplo:


¿Le parece a usted casual encontrar similitudes entre la vestimenta de este muchacho y la de este metalero homosexual?:

Claro, los dos usan camperas de cuero porque son putos. El vocalista que registrara discos como "Analgésico" o "Amante turbo" es tanto o más puto queGuido Suller. Pero Foucault va más allá, vamos con otra imagen:



Desaparece la campera de cuero pero se mantiene fijo otro elemento, la polera. ¡Y qué es la poronga, tan amada por Foucault, sino un pelado con polera!. Llegamos aquí a la cuestión nodal de nuestro esforzado trabajo: Foucault se presta a la reificación del sodape, es el desvario de la conciencia que hace el cuerpo entero de su mal sana humanidad represente no más que una pija erguida que busca un culo con pelos y huevos por delante. 


Resulta aquí más que evidente: la semiótica de la imagen no deja mentir, Foucault está representando una agarrada de bolas con su mano derecha y una sacudida de pija con su mano izquierda. ¿Será que en la teoría foucoultiana encontramos la ideología de izquierda y derecha como una dialéctica que representa las bolas como el conservadurismo que para salirse necesita ir a la izquierda y expulsarse? No lo sabemos.



Bibliografía:

MARX, Karl (1875) La cuestión homosexual y los putos franceses
POULANTZAS, Nicos (1979) Foucault: ¿puto pero bueno?
HABERMAS, Jurgüen (1986) Me ponen para engrosar bibliografías pero la verdad es que no me lee nadie, sobre todo los comunicólogos
ZIZEK, Slavoj (2009) Yo soy el Slavoj de la gente
MAQUIAVELO, Nikita (536 AC) En el futuro me harán decir cualquier cantidad de ridiculeces


viernes, 2 de mayo de 2014

La peor encuesta de la historia

El ranking se encabeza así: Soda-Redondos-Charly. Sigue un muy polémico "Los Piojos", sucedidos por la figura (Andrés Calamaro) que cierra la seriedad del jurado encargado de revelar los mejores 20 artistas de rock argentino. Supongamos que los puestos 6 y 7 son igual de polémicos pero dentro del marco de lo discutible (Abuelos de la Nada y Viejas Locas). Hasta ahí tendríamos el primer dato de que la lista fue hecha por personas que básicamente no escuchan rock.
El ranking en realidad es una encuesta de un diario español, que no termina de explicar muy bien cómo se han decidido cerrar en esos 30 nombres. Suponemos que para cualquiera es una tarea bastante complicada justificar todos esos 30 nombres. Imagine lo complicado que puede ser eso si encima entre esos nombres está además Intoxicados (con lo cual Pity aparece el doble de oportunidades que Charly García, a razón de la ausencia de Serú Girán, Sui Géneris o el proyecto que se quiera ya polémicamente incluir), Callejeros, Los Tipitos, Los Guasones, Turf, Los Rodriguez, Enanitos Verdes, y Kapanga. Las primeras 20 opciones que le brinda el medio español a sus lectores para decidir sobre lo mejor del rock argentino se completa con las mucho menos discutibles opciones de Divididos, León Gieco, Rata Blanca, Las Pelotas y Ratones Paranoicos. Pappo y Spinetta se revuelcan en sus tumbas brillando por su ausencia.

La peor lista de la historia se completa del puesto 20 al 30, cosa que dejo bajo su responsabilidad. http://listas.20minutos.es/lista/rock-argentino-265061/